Hermosas palabras y mensajes para dedicarle a Mamá

Ella es la siempre viva porque siempre estará en nosotros. Mamá, palabra con carga afectiva como pocas, vocablo que con sólo pronunciarlo suscita un continuo de imágenes, sensaciones, introspecciones y mucho más. Un verdadero maremoto ante alguien que nos conmueve en todos los cimientos, ya que ella creó, dándonos la existencia, esos cimientos. Todo es poco ante ella, absolutamente trunco, pequeño, mezquino; sin embargo, hay que hacerlo: agradecer su presencia o si eso ya no es posible haber sido parte de ella. Aquí te presentamos hermosas palabras y mensajes para dedicarle a Mamá. Como siempre, te traemos el mejor material ¡No te pierdas el posteo!

 

 

 

Imágenes con frases hermosas y profundas para Mamá

Y aunque las palabras nos queden cortas, no hay que dejar nunca de demostrarle cariños a ellas. Las eternas, las que pueden todos, las que se multiplican siendo una sola. Sí, a la gran madre.

Un vínculo con un padre puede ser especial, hermoso, superlativo; sin embargo, hay un nivel de conexión que nunca alcanzará con su hijo que sí llega una madre: ella con sus niños fue un solo cuerpo durante nueve meses.

Felicidad es aprovechar a las madres, poder decirle lo que se siente por ellas y estar alegre en consecuencia.

Hay abrazos y abrazos, porque los sometemos a ciertas jerarquías. Cuando mamá abraza el mundo se detiene, todo tiene otro sentido y las energías vuelven a nosotros. Sí, nadie como ella para esas cuestiones.

Podremos encanecer, envejecer, aprender muchas cosas; pero mamá siempre será la que nos cobije ante las inclemencias.

 

Gracias, podemos decir. No hay que esperar a momentos finales ni límites para anunciar lo mucho que se quiere a una persona. En ese sentido podemos ser un poco más prácticos e inteligentes.

Cuando alguien da todo por nosotros nos quedamos asombrados ¿Pero cuando una persona nos otorga la vida? Posiblemente no haya explicación para ello.

Desgraciadamente cuando la bondad es extrema se pierde un poco su sustantividad ¿Cómo se mide la vida si ella es todo? La damos por hecho, descontado, cuando en rigor de verdad existimos gracias al designio de otros o por lo menos su accionar.

Así que en cualquier clase de amor nunca viene mal demostrar. Así tiene que ser siempre y no calcular, ser fríos al respecto. En ciertas cuestiones de la vida dejarse reservas es de timorato o tacaño.

En el amor hay que ser desprendidos. Y posiblemente tengamos el mejor ejemplo de ello en las madres, que nos dan todo posiblemente sabiendo que muy poco será devuelto ¿Acaso tiene una lógica contractualista o comercial el amor a un hijo? No, nunca, debido a que es un expectorar sin reserva.

No hay nada mas bello que estar orgulloso de la madre que nos parió.


Gracias por tanto, perdón por tan poco. Pero que esa frase no obture hacer cualquier esfuerzo para mejorar nuestra relación con ellas.

Con ellas estaremos siempre. Y aunque partan antes que nosotros por una mera cuestión etaria tenemos la firme esperanza que tarde o temprano las volveremos a ver. Pero si eso no ocurriera, cómo valió la pena compartir un mundo con mamá.

Estas clases de amores nos llevan a un planteo básico e imperativo: hay que vivir el presente. Cada momento con ellas, circunstancia, ocasión es una excelente oportunidad de reír, conocer, hablar y todo lo que se pueda hacer. No podemos irnos de esta vida sin la tranquilidad de haber dado todo para ser felices.

Y la felicidad no es algo mezquino, que se reduzca a uno solo. Tal vez esa sabiduría la aprendimos de ellas, que fueron tan abnegadas con nosotros en todo momento.

 

Mamá es el universo y mucho más.

 

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