Imágenes con frases motivadoras para combatir la depresión

El ser humano debe hacer todo lo posible para ser feliz. Sí, es una frase bastante trillada, que hay que llenarla de mucho contenido, a veces sobremanera particular; pero cuán importante es seguir ese mínimo precepto. Debemos ser felices porque en primera instancia la vida es breve, debemos serlo debido a que todo lo asociado a lo primero es alegre, divertido, autoafirmativo y sobre todo positivo. De modo diáfano queda excluida cualquier depresión prolongada, con rasgos que oscurecen la existencia de manera más o menos prolongada. Aquí realizaremos una pequeña colaboración al respecto, por eso te mostramos imágenes con frases motivadoras para combatir la depresión.

Imágenes con frases motivadoras para combatir tristezas y depresión

Debemos desgajarnos de los momentos difíciles y eso no implica vivirlos e incluso aceptarlos. La cuestión esencial radica en no terminar adorándolos como los ídolos más salvíficos, acostumbrándonos a las amarguras y deseándolas. No, de esa oscuridad no sacaremos nada bueno.

El primer paso es la aceptación del problema. Como se solía decir: a la ignominia hay que sumarle la conciencia de ella, sino no se hará nunca. Reconocer que nuestra tristeza no es fugaz, que se queda como tren anquilosado en la estación y que es peligroso es un excelente comienzo.

En estas cuestiones el orgullo no sirve para nada. Nos atasca, nos convierte en falsarios porque realmente con solo las fuerzas propias no podemos salir adelante. Pidamos ayuda, hablemos con especialistas y busquemos todo aquello que nos hace bien, nos gratifica, para aferrarnos y no soltarlo por un tiempo prudencial.

A veces no conseguir lo que se busca con tanto anhelo es un golpe de suerte. De hecho, vislumbrarlo de esa manera es una eximia racionalización ¿Está mal? ¿Es una suerte de tergiversación de lo que realmente pasó? En rigor de verdad no está mal y sí puede ser lo segundo, pero poco importa si realmente no perjudicamos a nadie. Creamos mejor la historia que nos convenga de acuerdo a los propósitos presentes; en el porvenir se verá.

Todos los días fuerza, pero necesidad de disciplina para que el sudor, el dolor y las lágrimas no se sientan muy engorrosas. Hay que ser perseverantes, poseer la suficiente madurez para aceptar lo que escapa a las propias fuerzas y bregar por lo que sí consideramos asequible, aunque no en instantes inmediatos. La vida a veces es una montaña rusa y no sabemos a ciencia cierta dónde terminaremos.

Pensamos en salir de las tristezas, en que serán pasados y que seguramente vuelva el hombre o mujer del pasado; sin embargo, poco hacemos. Y ese es el gran problema, ahí estriba el entuerto o complicación: no hacer nada. Podemos ser muy pensantes, imaginar cientos de corolarios; aunque eso no cambiará nada si no acompañamos ese aparato con la formidable acción.

Siempre luego de la tormenta llega la idea, la paz, el camino allanado y todo lo que se le parezca. La cuestión no es querer que nunca haya una borrasca más o menos decente o importante, sino saber luchar contra ella, tener las herramientas sabias para hacerle frente del mejor modo. 

Cualquier esfuerzo por lograr algo complejo es lento, paulatino, incluso infinitesimal. La filosofía del montañista: el sabe que quiere llegar a la cima, pero su pensamiento inmediato es ese paso que ahora realiza. No puede pensar más allá de eso, sería una locura. Pensemos, entonces, lo mismo para la vida. Obtendremos grandes resultados si hacemos carne semejantes cavilaciones.

La gente positiva no es fatalista ¿Qué es serlo? Muy sencillo: pensar que lo que es de una manera será siempre así, posiblemente por causas que se nos escapan y no dominamos. Si es depresión, es nuestra fisiología, la infancia, los desafortunados viajes amorosos o lo que sea. No, mil veces no. El hombre es libertad, el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él.

Además de no ser fatalista es positivo sacar de todo lo que consideramos a priori malo algo bueno. Sí, sabemos que a veces no es fácil, que el clima o la realidad lóbrega no colabora; pero hagamos el esfuerzo. No solo es un ejercicio mental; es una disposición ante la vida que seguro nos dará por momentos alguna que otra paliza.

Haz hoy todo lo que puedas ¿No te agrada tu realidad? ¿Sientes que la depresión es un no a la existencia rotundo? Bueno, es hora de cambiarlo. Así que lo mejor que podemos hacer es trabajar, realizar grandes denuedos para extirparnos del fango que nos atiborra. Siempre se puede salir; eso es lo maravilloso de ser un individuo libre.

Cada día debe ser comprendido como una nueva oportunidad, como la mejor ocasión para salir adelante. Los estoicos y pitagóricos agradecían cada flamante jornada, porque había algo así como un renacer luego de la noche y el descanso. Hermosa filosofía, sin lugar a dudas.

Siempre tendremos motivos para aferrarnos en lo positivo. Si el fárrago de actividades y tritezas no te deja cavilarlo, mejor piénsalo un solo segundo.

Siempre los mejores bienes serán los propios ¿Por qué? ¿Debido a que somos egoístas irredentos? No, porque no dependen de nadie más que de uno. Para alabarlos, para fustigarlos o simplemente rechazarlos.

El ser humano debe tener una especie muy profunda de capacidad para camuflarse o adaptarse. La vida cambia, las relaciones son volátiles; digamos que la existencia da múltiples ejemplos que la versatilidad es su segunda cara, sino su primera naturaleza. La depresión, en ese sentido, es un quedarse pegado; pero no: tienes que tener la posibilidad de modificar tus guiones.

Demuestra que el resto se equivocó, refleja con total certeza que todas las lecturas ajenas fueron erróneas e incluso maliciosas. Tú puedes hacer todo lo que te propongas; solo es cuestión de decidirlo y, naturalmente, trabajar muchísimo. Vale la pena si el corolario es una mejor calidad de vida, si la alegría puede volver a arreciar como lluvia de primavera en nuestros campos existenciales.

El amor siempre es un foco de depresión por lo que despierta, por los sentimientos incontrolables, porque el otro, en definitiva, es libertad y se nos escapa por todos los orificios, sus orficios. Si no quiere ser parte de nuestra vida soltemos; de lo contrario todo motivo de sufrimiento y jaqueca será infundado.

Debes ser muy bueno para luchar y no tirarte para atrás. Debes aprender a soportar la presión, a comprender que las realidades quizás no sean sucintas y sencillas al princpio, pero que con esfuerzo todo se puede. No seremos capaces de transformar el mundo, pero si el nuestro, ese que habitamos y que nadie más lo hace.

El rasgo más recurrente en estos menesteres es soltar todo, dejar de intentar ante las primeras complicaciones. Es un sentimiento, casi resabio infantil, muy común desgajar el incordio, lo que se vuelve molestia. El tema es cuando lo hacemos en seguida, sin una pizca de paciencia, sin esa picardía para comprender que a veces las cosas llevan su tiempo y hay que respetarlo, incluso nosotros mismos como medida de temporalidad.

La idea es mirar la tristeza, la angustia y la depresión, reconocerla, detectarla; pero nunca abrazarla a pesar de cualquier clase de contemplación. Debemos aprender dónde radica la diferencia entre lo bueno y lo malo, por lo menos en nuestra índole, cuestión más que vital.

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